Te pido perdón Madonna, Nicole. Meg, a tí no

Qué duro es crecer a todas la edades. Sabemos que una etapa se acaba o que estamos creciendo cuando dejamos de llorar a pleno pulmón. Cuando dejamos de enfadarnos frunciendo el ceño subiendo el labio inferior. Cuando la paga ya no es para risketos sino para pulseras. Cuando dejamos de pedirnos juguetes en Reyes y empezamos a pedirnos ropa. Cuando tú y 2 amigas más ya no os liáis con el mismo chico. Cuando hacer botellón resulta “incómodo”. Cuando nos empiezan a importar más los zapatos que la ropa. Cuando de pronto menos maquillaje “es mejor”. Cuando después de las 10h de la noche “es tarde”. Cuando nos pensamos dos veces si tomarnos esa última copa… Cuando nos pensamos dos veces si tomarnos esa última copa ¡y no nos la tomamos! Cuando vas a la playa y pasas más tiempo tomando el sol que en el agua. Cuando vas a la playa y ya no quieres tomar el sol, sino estar a la sombra, a ser posible en un chiringuito, y a ser posible con una cerveza (o 100). Cuando dejas de meter tacones en tu maleta de vacaciones. Cuando dejas de meter tu propia ropa en tu maleta de vacaciones y la ocupa por entero mini ropa, mini zapatillas y muchos juguetes.

Crecer es muy duro y muy difícil, pero casi es peor envejecer. Y cuando empiezas a ser consciente, duele. Esos michelines que ya no se van nunca. Esa piel de naranja convertida en paisaje lunar. Esas arrugas de expresión transformadas en arrugas y punto. Esas manchas en la cara convertidas en paisaje lunar. Esas bolsas de los ojos que no se van por mucho que duermas. Esa gravedad traicionera que podría no haber existido como en el paisaje lunar.

Yo era de las que veía a esas famosas operadas y a voz en grito las criticaba alegando que no sabían envejecer, que no asumían su edad… Te pido perdón Madonna, Nicole, Reese (Meg, a ti no… pobre, qué estropicio supino).

Porque no es justo. No es justo que los hombres sean más atractivos con el tiempo y nosotras no. No es justo que con lo que nos sentíamos identificadas vaya desapareciendo. No es justo que no se nos permita una belleza diferente, que nuestra belleza evolucione. No es que no lo asumamos, es que no nos reconocemos. Mi yo interior no se corresponde con el del espejo, y solo tratamos de volvernos a encontrar.

Me indigné profundamente cuando salió aquella moda del “fofisano” y solo se veían fotos de un DiCaprio rellenito o un Ben Afflec un poco dejado y se alababa esa nueva corriente de hombre atractivo ¿Dónde estaban las fofisanas? ¿Dónde están los ejemplos de mujeres bellas maduritas, entradas en carnes que todo el mundo desea? Ah… perdón, se me olvidaba. No existen.

Insisto. No es justo… Te pido perdón Madonna, Nicole, Reese… y por qué no, también a ti Meg.



Categorías:emociones, vida

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