Y tú, ¿cómo lo recuerdas?

Es verano en Boston. Nos hemos mudado a una zona nueva y todavía no conocemos a mucha gente. Estoy sola con los niños ellos en el parque, sentada mientras ellos juegan, esperando a que me llamen cuando tienen algún nuevo logro,  alguna dificultad, o se hacen algún arañazo. Los veo felices. Corren, se acercan a otros niños, suben y bajan de los columpios. Y lo hacen de forma ajetreada, como si no tuviesen tiempo para jugar todo lo que les gustaría.

Con esto en mente, me surge la inevitable pregunta de ¿cómo eran mis veranos? ¿qué recuerdo de ellos? ¿se preocupaban tanto mis padres de buscarme actividades?¿era feliz?

  • Recuerdo que para ir a la playa tardábamos todo el día y preguntaba cientos de veces – Papá, ¿cuánto queda?
  • Recuerdo volver al apartamento de la playa tras pasar todo el día en remojo (en una de esas playas en las que tienes que andar un kilómetro para que te llegue por la rodilla) y el olor del vinagre que mi madre nos obligaba a usar después de la ducha para no quemarnos (y después el aftersun).
  • Recuerdo quedarme con amigas y algún adulto en la playa a mediodía, pensando que ir a echarse la siesta era una perdida de tiempo.
  • Recuerdo los paseos después de cenar en el chiringuito y la música de pasodobles al pasar por el Bingo.
  • Recuerdo el olor de los tomates que me daba mi abuela para merendar y que me tomaba recién cogidos de la rama de su huerta mientras ella regaba.
  • Recuerdo volver a casa montada en la burra y pincharme las piernas con los girasoles, pero volver feliz, pletórica y deseando contárselo a mis padres.
  • Recuerdo ir al bar una vez por semana a llamar por teléfono. Bueno, a esperar sentada mientras ellos me llamaban. ¡En mi pueblo de veraneo, aun no había teléfono en casa!.
  • Recuerdo ir a buscar a mi padre cada domingo para que me diese 100 pesetas que llegaban para todo: un helado, una bolsa de gusanitos, chocolatinas kinder y un par de chicles.
  • Recuerdo la sensación de velocidad con la bicicleta. La no consciencia del peligro. La irreal sensación de dominio. La felicidad de rodar por una cuesta abajo.
  • Recuerdo que mis abuelos me dejaban jugar a hacer las comidas, mostrando la infinita paciencia  puesto que no solo me dejaban hacer la comida, sino que también se la comían con una sonrisa. No me puedo olvidar del día que hicimos bechamel para todas las gallinas o del día del arroz para todos los cerdos 😛
  • Recuerdo la cantidad de comidas combinaciones de judías verdes (o fréjoles) se pueden comer. Es la planta de la temporada.
  • Recuerdo estar sentada en una sombra, aburrida con amigas, sin saber que hacer y comer pipas hipercaloricas toda la tarde.
  • Recuerdo inventar bailes en el garaje de una amiga.
  • Recuerdo el suplicio de una chica de ciudad a la hora de jugar deportes que no practicaba durante el año: fútbol, baloncesto… ¡en la rifa de personas siempre me quedaba la última!
  • Recuerdo esperar durante todo el verano dos fechas especiales: el 25 de Julio, día del Santiago y el 24 de Agosto, día de San Bartolo. Esos dos días, podía ponerme hasta 5 conjuntos de ropa diferentes (el de ir a misa, el de comer, el de por la tarde, el regional y el de ir al baile). Esos días eramos un montón en casa para comer cordero asado y ensaladilla (y al día siguiente la paella de mi madre). Esos días, podía volver a casa aun más tarde porque había baile en la plaza.
  • Recuerdo las conversaciones infinitas con amigas. Sobre los mismos temas. A veces nuevos.
  • Recuerdo el olor a Septiembre. El olor de que se había pasado el verano. El olor de la nostalgia. El olor de la anticipación.

Si era feliz. Tremendamente. ¿ Y tú, qué recuerdas de tus veranos?

 

 



Categorías:amistad, emociones, mamás, vida

1 respuesta

  1. Yo recuerdo la tortura que suponía quedarte solo en Madrid mientras todos os ibais al pueblo, viendo reposiciones de los vigilantes de la playa y contando los días que quedaban para coger el apestoso autobús en el que te marearías pero en el que llegarías a un mes completo de libertad, de carreras en la calle, de baños infinitos en el mar, de quedadas nocturnas en los columpios y de helados a diario en la plaza (pero helados de verdad, de los gordos, no los polos de hielo de la parte baja del cartel de Frigo)

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¿Y tú como lo ves?

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