Frases Navideñas

Como decía en el post anterior, ahora lo que toca es hablar de Navidad.

En esta ocasión voy a analizar los tópicos navideños, esas situaciones y frases que se repiten todos los años y sin las que la Navidad no sería Navidad. Por ejemplo, todo empieza con la decoración de la casa. Mientras que las madres intentan montar un árbol elegante y minimalista, los padres se empeñan en comprar un pino lo más grande posible para atiborrarlo con espumillón de todos los colores y millones de lucecitas intermitentes, a ser posible con música. Es en este momento de convivencia familiar cuando se pueden oír frases como “cuidado con las bombillas que como se rompa una ya no funciona el resto”. ¡¡¡¡¡¡Mentira!!!!! Esto es una leyenda urbana navideña. Incluso las luces del chino sobreviven aunque se fundan un par de ellas.

Montado el Belén llega el momento de comprar lotería con la esperanza de hacernos millonarios. Todos nos gastamos un dineral en décimos. Nos volvemos ludópatas estacionales con las esperanza de arañar, aunque sea un gramillo, al famoso gordo. Es el momento de decir “como me toque, mañana va a trabajar Pirri” o “yo me conformo con un pellizquito”. ¡¡¡¡¡Mentira otra vez!!!! ¿A quién queremos engañar? Sabemos que aunque los niños satánicos canten nuestro número no podremos dejar de trabajar porque el premio tampoco es para tanto, además, nadie, y digo NADIE se conforma con un pellizquito. Todos queremos el gordo. ¿O no?

Después del sorteo, llegamos al día después, y por lo tanto, al tercer tópico navideño. “Lo importante es que tenemos salud”. ¡¡¡¡ Mentira!!!! ¿A quién queremos engañar? No es que la salud no sea importante. Pero ¿quién piensa realmente eso el 23 de diciembre? Ese día estamos cagándonos en todo y jurando y perjurando que el año que viene no volvemos a gastarnos tanto en lotería mientras revisamos una y otra vez la pedrea y vamos rompiendo esos décimos inservibles en los que habíamos depositado todas nuestras ilusiones y que ahora miramos con desprecio.

Superado el trance de vernos pobres llega el momento de organizar la cena de Nochebuena. Aparecen sobre la mesa esos mariscos que, como decía el anuncio, todos los años “vuelven a casa por Navidad” junto a las panderetas y las botellas de Anís del Mono. En la sobremesa los mayores se desmelenan y se convierten en una filial de Raya Real, zambombeando y rompiendo los panderos a golpe de pelotazo. Así no es de extrañar que lleguemos al quinto tópico: La acumulación en la nevera de sobras envueltas en papel de celofán.

El glamour de la cena navideña queda reducido a un reboltijo de todo un poco. Turrones derretidos, gambas resecas, jamón serrano helado… La historia se repite tan solo una semana después. Esta vez en fin de año.

En Nochevieja, al margen de Ramón García, (que es ya como si fuera parte de la familia), el protagonista es el reloj de la Puerta del Sol y la frase “todavía no, todavía no, que son los cuartos”. Año tras año, primero la tele, y luego alguna tía o tío avispado, se empeña en explicar el complejo proceso de las campanadas. Después del trance, todos nos proponemos comernos las uvas ordenadamente para que nos dé tiempo a digerirlas, pero al final, la mayoría termina con los mofletes atiborrados, riéndose a carcajadas, mientras que el juguillo de las uvas te chorrea por la comisura de los labios estropeándote el maquillaje de fiesta.

Es ahora el momento de los buenos propósitos: Voy a apuntarme al gimnasio, voy a dejar de fumar, voy a ponerme a dieta…. Supongo que en este punto no es ni siquiera necesario que diga aquello de ¡¡¡¡ Mentira!!!!

Ya tocando al fin de las vacaciones, y con los nervios a flor de piel, esperamos que llegue la cabalgata de Reyes. Con la excusa de que vamos a comprar los regalos a los niños, nos vamos a los centros comerciales a toquetear todos los juguetes, sin pudor, organizando un tangai increíble en el pasillo de muñecas y robots del centro comercial. Mientras tanto los niños, histéricos, dicen aquello de “Me lo pido”.

Una vez envueltos y empaquetados los regalos nos “sacrificamos” por los más pequeños y nos echamos a la calle para ver a Sus Majestades de Oriente. ¡¡¡¡¡ Mentira de nuevo!!!!! No vamos a llevar a los niños a la cabalgata, en realidad queremos ir nosotros, pero usamos a los chavales como excusa al igual que hacemos para ir al cine a ver la última ñoñada de Disney.

Así llegamos hasta el día 6 de enero, momento en el que la familia se reúne para abrir los regalos. Ahora es cuando se escucha siempre eso de “Este año los Reyes se han pasado” o “aquí vamos a tener que dejar de ser tan espléndidos”. Esto sí que es hablar por hablar, porque al año siguiente volverán a amontonarse los paquetes debajo del árbol ( y que no falten, jiji).

Finalmente, en torno al árbol y al Belén, en el mismo sitio en el que empezamos la campaña navideña nos disponemos a terminarla. En esta ocasión la frase tópica y típica la pronuncian las madres: “vamos a recoger”, y como suele suceder, no hay tantos voluntarios para quitar el espumillón y raspar la nieve artificial de los cristales como para ponerlo.

Para acabar no voy a ser muy original. Me mantendré en la línea de este post deseando a quién lea esto: Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.



Categorías:emociones, entretenimiento, vida

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